Impresionantes Fotografías Muestran Tribus Kenianas Trabajando Para Salvar Crías de Elefante

“Cuidamos de los elefantes y ellos cuidan de nosotros”.





De lejos, los gritos de un bebé elefante en peligro parecen casi humanos. Atraídos por los sonidos, jóvenes guerreros de la tribu samburu (norte de Kenia), con largas lanzas en la mano, se dirigen hacia el cauce del río donde encuentran a la víctima.

La cría está medio sumergida entre agua y arena, atrapada en uno de los pozos excavados a mano que salpican el valle. Solo se puede ver su pequeña espalda y su trompa moviéndose como una cobra.

Tan sólo 1 año antes, estos hombres habrían actuado de manera diferente; probablemente habrían sacado al elefante del pozo para que no contaminara el agua y lo habrían dejado morir. Ahora es diferente, ahora envían un mensaje a Reteti Elephant Sanctuary, a casi 10 kilómetros de distancia. Se sientan y esperan el rescate.

La fotoperiodista Ami Vitale, viajó al orfanato de crías de elefante para documentar, a través de National Geographic, la relación de la comunidad con estos animales.

salvar crías elefante
Ami Vitale

Reteti se encuentra en una franja de 394.570 hectáreas de matorrales espinosos al norte de Kenia, que recibe el nombre de Namunyak Wildlife Conservation Trust y forma parte del hogar ancestral del pueblo samburu.

Guerreros samburu encontraron a esta cría atrapada en un pozo excavado a mano. La manada del elefante no regresó a por ella y el equipo la trasladó al santuario. Apodada Kinya, recibió cariñosos cuidados por los encargados, pero murió semanas después.

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Ami Vitale/National Geographic

La región incluye a las tribus turkana, rendille, borana, somali, así como los grupos étnicos Samburu que han luchado hasta la muerte por la tierra y sus recursos. Ahora trabajan juntos para fortalecer sus comunidades y proteger a unos 6.000 elefantes con los que viven, aunque a veces esa convivencia sea tensa.

Mike Learka coge un biberón con leche de fórmula mientras Naomi Leshongoro (a la derecha) vacía uno en una boca hambrienta. En la naturaleza, los elefantes salvajes pueden suponer una amenaza para los humanos y sus propiedades. Tradicionalmente, los samburu los han evitado o ahuyentado.

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Ami Vitale/National Geographic

El lecho fluvial al que han venido los hombres samburu parece seco y duro, pero hay agua bajo la superficie. Los elefantes pueden oler el agua, y las familias samburu, guiadas por los excrementos de los elefantes, han excavado estrechos pozos para conseguir este elixir fresco, limpio y rico en minerales. Cada familia mantiene un pozo concreto, que puede tener una profundidad de hasta 4,5 metros. Cuando extraen el agua, los samburu entonan un canto rítmico que alabando su ganado, atrayendo a los animales hacia esta fuente de vida. Durante los meses secos (febrero, marzo, septiembre y octubre) los samburu hacen más profundos sus «pozos cantarines» y los elefantes, desesperados por beber, también acuden a ellos. En ocasiones pierden el equilibrio y se caen dentro.

Mary Lengees, una de las primeras guardianas de elefantes de Reteti, acaricia a Suyian, la primera residente. Suyian fue rescatada en septiembre de 2016 cuando tenía apenas cuatro semanas.

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Ami Vitale/National Geographic

Los guerreros no tienen que esperar mucho hasta que llega un equipo de rescate de Reteti en un Land Cruiser construido a medida. El equipo está liderado por Joseph Lolngojine y Rimland Lemojong, ambos de los samburu. Los hombres ya han visto esto antes y trabajan rápidamente. Excavando a los lados del pozo, amplian su boca para poder meterse y deslizar un arnés bajo el vientre del elefante. Más tarde, quizá unas 12 horas tras el percance, los rescatadores izan al pequeño elefante hasta la superficie, resoplando por el esfuerzo.

Mathew Mutinda, un veterinario del Servicio de Vida Silvestre de Kenia, se agacha sobre Mugie de 18 meses, todavía sedado después de su rescate. A su madre le dispararon y murió en un conflicto con la gente de un poblado.

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Ami Vitale/National Geographic

Lolngojine y Lemojong conducen a la elefanta, débil y deshidratada, hacia una zona de sombra. Gauze cierra sus ojos para calmarla, moja su cabeza con agua y coloca una manta de lana sobre su espalda. La cría está entrando en shock, así que preparan una solución salina rehidratante en un biberón de casi dos litros. Tras probar y fallar varias veces, el bebé encuentra la tetina, de la que chupa ansiosamente antes de caer en un sueño profundo.

Joseph Lolngojine, guerrero Samburu convertido en cuidador de elefantes, vigila a Kinya. Momentos después de hacer esta foto, decidieron llevarla al santuario para tratar de salvar su vida.

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Ami Vitale/National Geographic

A lo largo de la tarde, los hombres le dan esta solución salina mientras la agitada cría llora lamentándose por haber perdido a su familia. Al atardecer, los pozos cantarines están tranquilos. A la luz de la luna, se materializa la gigantesca silueta de un enorme elefante macho que se acerca para beber. El bebé, quizás confundiendo al elefante con su madre, empieza a seguirlo, con Lolngojine y Lemojong tras ella. Después de un rato, asustada por los gritos de las hienas, retrocede hacia sus cuidadores samburu.

Los elefantes no son muy pacientes a la hora de comer y esto se hace evidente en el momento en que Amos Leleruk entra con la comida. En la naturaleza, el destete normalmente tiene lugar cuando los elefantes tienen entre 5 y 10 años.

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Ami Vitale/National Geographic

Durante toda la noche, el equipo de rescate permanece vigilante, a la espera y aguzando el oído en busca de cualquier sonido de su manada. Al amanecer, unas 36 horas después de que los guerreros encontrasen al elefante, la espera ya no es una opción. Los cuidadores levantan a la elefanta, envuelta en mantas, la llevan hasta el vehículo y se dirigen al santuario.

Sasha Dorothy Lowuekuduk mezcla fórmula para los bebés. “El santuario ha cambiado mis sentimientos sobre los elefantes”, dice con orgullo.

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Ami Vitale/National Geographic

El orfanato de elefantes de Reteti está ubicado en la curva de una cresta montañosa en forma de media luna y fue fundado en 2016 por los samburu. Reciben financiación de Conservation International, San Diego Zoo Global y Tusk UK. El Kenya Wildlife Service y el Northern Rangelands Trust proporcionan también apoyo continuo. El primer elefante rescatado, llamado Suyian, llegó el 25 de septiembre de 2016. Los más de 20 cuidadores del santuario pertenecen al pueblo samburu, todos con un objetivo claro: liberar a sus pequeños, que ahora son una docena, a la naturaleza.




Leshongoro acaricia al elefante huérfano Pokot con su mano llena de experiencia: ha cuidado y liberado a cinco elefantes jóvenes en la naturaleza antes de la apertura de Reteti el año pasado. Leshongoro, que es madre, cuida de estos bebés como si fueran sus propios hijos.

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Ami Vitale/National Geographic

Tan pronto como llega la elefanta debilitada, Sasha Dorothy Lowuekuduk, encargada de la comida de estos animales en Reteti, prepara un biberón de dos litros de leche de fórmula especial. Lolngojine, el veterinario del santuario, examina a la cría y frota una pomada antibiótica sobre todos sus cortes. Ya han decidido el nombre de la pequeña, la elefanta se llamará Kinya, por el pozo en el que tuvo el accidente.

Pokot juega en los recintos exteriores del santuario. Con cuidados y suerte, en unos años será destetado y liberado para que viva entre las manadas salvajes del norte de Kenia.

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Ami Vitale/National Geographic

La necesidad de orfanatos para elefantes como Reteti es el triste resultado del diezmo de las manadas provocado por los cazadores furtivos de marfil durante las últimas décadas, un patrón que se repite en gran parte del África subsahariana.

Lemojong juega a la pelota con Pokot, un macho de siete meses que llegó en noviembre, frente a los recintos de los elefantes del santuario.

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Ami Vitale/National Geographic

Quien lo encuentra se lo queda. Esa es la única regla del juego. Además de ser excepcionalmente inteligentes, los elefantes son animales sociales de forma innata y necesitan estimulación e interacción para un desarrollo normal.

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Ami Vitale/National Geographic

La pérdida de elefantes tiene un efecto dominó en otros animales. Los elefantes son los “ingenieros” de los ecosistemas. Se alimentan de arbustos bajos y derriban los árboles pequeños, promoviendo el crecimiento de hierba, que a su vez atrae a grandes herbívoros como el búfalo, las cebras de Grévy –en peligro de extinción–, el antílope eland y el órix. Estos a su vez son presas de carnívoros como leones, guepardos, licaones o leopardos.

Un agradable baño de polvo es perfecto para aliviar el calor del día. La capa de tierra ayuda a proteger la sensible piel de los elefantes actuando como protector solar y repelente de insectos. Shaba (tumbada) demuestra a los jóvenes huérfanos cómo se hace.

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Ami Vitale/National Geographic

Para las tribus dedicadas al pastoreo, como los samburu, más hierba supone más alimento para su ganado, algo que las comunidades indígenas han empezado a relacionar de una nueva forma con los elefantes, animales temidos durante mucho tiempo. “Cuidamos de los elefantes y los elefantes nos cuidan a nosotros”, dice Lemojong. “Ahora existe una relación entre ambos”.

Shaba, que ahora tiene casi dos años, es la matriarca que representa a los huérfanos más jóvenes de Reteti y les enseña cómo alimentarse en la naturaleza. Bajo la supervisión de los cuidadores, guía a su pequeña manada hacia el bosque frente al santuario, donde arrancan hojas, prueban la corteza, derriban pequeños árboles y se dan baños de barro.

salvar crías elefante
Ami Vitale/National Geographic

Los instintos de Shaba para enseñar a los demás están empezando a surtir efecto. Cuando un bebé de dos meses es incapaz de salir de una zanja, Shaba retrocede y le demuestra cómo trepar. Ya presenta las características de una matriarca atenta, y si alguien asusta a un bebé, cargará contra el responsable.

En esta foto vemos cómo cargan a Sosian, de 15 meses y sedado, en un vehículo adaptado especialmente para su transporte al santuario. Lo trajeron cuando su madre fue encontrada muerta por heridas de bala.

salvar crías elefante
Ami Vitale/National Geographic

La alimentación es una gran parte del trabajo diario de los cuidadores. Cada tres horas, se les da a los elefantes biberones de dos litros con leche de fórmula especial que beben de forma ruidosa. Después, los pequeños caen en un profundo estupor.

Casi toda la plantilla de trabajadores procede de comunidades vecinas, y todos son samburu. Como dice Lemojong: “Cuando era pequeño cuidaba de las crías de las cabras, después de las cabras y finalmente me pasé a las vacas. Después fui a la escuela. Estoy muy feliz porque solía criar aquí a las vacas de mi familia y ahora estoy criando bebés de elefante. Es increíble”. Lolngojine añade: “Cuando regreso a casa, mi comunidad me pregunta cómo está cada elefante y los llaman por sus nombres”.

Lo que está ocurriendo en Reteti, es nada más y nada menos que el comienzo de una transformación en la forma en que los samburu se relacionan con los animales salvajes, a los que han temido durante tanto tiempo. Este oasis donde crecen los huérfanos aprendiendo a ser salvajes para reunirse algún día con sus manadas, tiene que ver con las personas y con los elefantes a partes iguales.

salvar crías elefante
Ami Vitale/National Geographic

CÓMO AYUDAR: Puedes aprender cómo salvar a los huérfanos de elefantes en la web del Santuario de Elefantes de Reteti.

Traducido y copiado íntegramente de este artículo de National Geographic.

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